Tantas imágenes navegan por mi mente, naufragas como una carta jamás
recibida.
Mis memorias remontan aquellos días en que todo comenzó con una
taza de té, un cortejo sutil como un felino observando su presa, con palabras
suaves como el roce del aire se cuela entre las hendijas de tu corazón, el cual
tú creías y pregonabas tener bajo 7 llaves.
No hizo falta tocar tus manos ni hacerte probar la sabia de mis labios.
Solo fue aquella mirada aguda y precisa la que encendió
aquella luz en ti.
Temerosos de repetir viejas experiencias, caímos en aquel juego
sutil de gestos y deseos insinuados.
Al final nuestro encuentro termino como un libro de poemas donde
cada besos, cada roces etc.
Supieron desatar el desenfreno y la intriga por saber más de
cada uno, mucho más aún que unos capítulos continuados de la mejor obra nunca
antes leída.
Teniendo en cuenta que los autores de estos trazos fuimos tu y
yo.
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