domingo, 1 de febrero de 2015

Solo era un niño tras aquella mascara.-



Cuenta la historia de un gran hombre de carácter recio, firme, de  marcada determinación en su vida y llevar acabo cualquier cosa que se dispusiera, al menos así es como el mundo lo conocía.
Su vida había transcurrido en una ciudad poco amigable para él porque simplemente venia de otras tierras en donde las personas tenían otra cultura, la palabra tenía un significado y valía más que el dinero.

En un cierto momento de su vida tuvo una gran pérdida del cual no logro reponerse del todo, siempre se preguntó y le pregunto a Él

¿Porque sucedió todo aquello y que tenía dispuesto para el luego de terminar aquella tribulación?

Lo cierto es que el tiempo transcurrió entre amaneceres y puestas de sol sin ninguna respuesta, de hecho el busco hasta en aquellas diminutas frases ocultas en esas galletitas orientales.

Un día llego a casa arto de haberse llorado todo, se dispuso a deshacerse de todo aquello en cuanto creía y tenía fe, solo dejo en aquella desgastada mesa de luz un viejo libro de algebra el cual le enseño a ver al mundo de manera netamente lógica y con la frialdad inequívoca de los números.
Al bajar con aquella abultada caja hacia la calle repleta de aquellos ex credos y su fe mezclada en una taza de té, mientras bebía levanto la mirada y ella apareció en su vida de modo misterioso como cuando enciendes una chispa de luz en la inmensidad de la oscuridad.

De inmediato hubo una atracción mutua como si fuese que dicha ley hubiere puesto en práctica su contenido.
Al principio él se sintió dubitativo y temeroso recordó parte del pasado pero a la vez imagino un futuro y lo quiso para sí, tras lo cual él le abrió su corazón.
Al pasar un breve tiempo un día ella necesito curar y aliviar el corazón temeroso de aquel hombre, al abrir aquella pequeña puerta en donde yacía se dio con una sorpresa y pudo por fin comprender el comportamiento de este hombre para con el mundo.

Aquella mujer solo encontrón a un niño sollozando extraviado, pedaleando la vida de aquel  Gran hombre.-


La grandeza no yace en un par de manos fuertes y un rostro recio,
A veces tras un gran hombre hay un niño asustado usando la fuerza porque teme expresar lo que realmente es, sobre todo cuando nunca aprendió a amar.
Recordemos que la edad no es sinónimo de madurez, solo nos indica que estamos envejeciendo y pronto a irnos.

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