Cuenta la historia de un gran hombre de carácter
recio, firme, de marcada determinación
en su vida y llevar acabo cualquier cosa que se dispusiera, al menos así es
como el mundo lo conocía.
Su vida había transcurrido en una ciudad poco
amigable para él porque simplemente venia de otras tierras en donde las personas
tenían otra cultura, la palabra tenía un significado y valía más que el dinero.
En un cierto momento de su vida tuvo una gran
pérdida del cual no logro reponerse del todo, siempre se preguntó y le pregunto
a Él
¿Porque sucedió todo aquello y que tenía
dispuesto para el luego de terminar aquella tribulación?
Lo cierto es que el tiempo transcurrió entre
amaneceres y puestas de sol sin ninguna respuesta, de hecho el busco hasta en
aquellas diminutas frases ocultas en esas galletitas orientales.
Un día llego a casa arto de haberse llorado
todo, se dispuso a deshacerse de todo aquello en cuanto creía y tenía fe, solo
dejo en aquella desgastada mesa de luz un viejo libro de algebra el cual le
enseño a ver al mundo de manera netamente lógica y con la frialdad inequívoca
de los números.
Al bajar con aquella abultada caja hacia la
calle repleta de aquellos ex credos y su fe mezclada en una taza de té,
mientras bebía levanto la mirada y ella apareció en su vida de modo misterioso
como cuando enciendes una chispa de luz en la inmensidad de la oscuridad.
De inmediato hubo una atracción mutua como si
fuese que dicha ley hubiere puesto en práctica su contenido.
Al principio él se sintió dubitativo y
temeroso recordó parte del pasado pero a la vez imagino un futuro y lo quiso
para sí, tras lo cual él le abrió su corazón.
Al pasar un breve tiempo un día ella necesito
curar y aliviar el corazón temeroso de aquel hombre, al abrir aquella pequeña
puerta en donde yacía se dio con una sorpresa y pudo por fin comprender el
comportamiento de este hombre para con el mundo.
Aquella mujer solo encontrón a un niño
sollozando extraviado, pedaleando la vida de aquel Gran hombre.-
La grandeza no yace en un par de manos
fuertes y un rostro recio,
A veces tras un gran hombre hay un niño
asustado usando la fuerza porque teme expresar lo que realmente es, sobre todo
cuando nunca aprendió a amar.
Recordemos que la edad no es sinónimo de
madurez, solo nos indica que estamos envejeciendo y pronto a irnos.
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