Aquel hombre con pasos calculados se limitaba
a oír rugir al mundo, solo en sus memorias podía ver y recordar los colores y
relieves perfectos e imperfectos de la vida.
Las personas para él eran extrañas voces sin
rostro brindándoles sus brazos o para indicarle ¡por allí No Sr!
Curiosa dualidad, para él, el mundo se le había
convertido en extrañas voces o sombras parlantes que por actos humanos se les
acercaban, mientras que el mundo lo veía como alguien que ya no era el mismo
aun así conociéndole se había convertido en un extraño que esperaba en una
esquina aquellos actos humanos mientras sus oídos le indicaban si el rugido del
mundo había amainado y poder así aventurarse al cruce.
Su nueva vida ya tenía varios años acompañándole
en su sombría soledad pero al levantar su rostro sentía el calor
del sol y sus memorias regresaban dibujándole una sonrisa; quien sabe por dónde
o cuanto habrá estado y cuantas cosas cruzaran por su mente.
En aquel momento todo indicaba sería un día más
...pero
De repente escucho aquella voz inconfundible
como una melodía que estremecía sus sentidos en el pasado, por extrañas
casualidades de la vida el momento y el lugar lo quiso así para que pudieran cruzar
sus vidas nuevamente aunque sea por un breve instante.
Y en ese breve instante el recobro la vista,
acongojado levanto la mirada hasta su cuello se sintió extraño luego de años de
ir cabizbajo intentando evadir un bache o no tropezarse con el mundo.
Para ese entonces ella tenía unos 30 años
madre de un niño, ambos tenían sus vidas con una marca, la marca de haber
estado unidos por fuertes emociones, situaciones, sueños, promesas y deseos
truncados.
Sus ojos sentían dolor, porque hacía años que
no brotaban lágrimas por ellos.
A lo que él exclamo ¡hermosa como cada día!
-Ella dijo sonriente y sorprendida ¿qué fue
de tu vida?
-El respondió: sigo esperando ¿recuerdas la
promesa?
El llanto no pudo ser contenido por ella tras
lo cual cargo en brazos a su niño cruzo la calle al momento que él levanto la
mirada hacia el sol y exclamando: ha si, este era tu color, dijo también:
gracias por devolverme por unos segundos la vista al momento que todo regresaba
a las sombras.
Como siempre fue un hombre perspicaz impredecible
y sin que el mundo se diera cuenta aprovecho esos segundos de luz para cruzar
la calle sin ayuda.
En voz baja y risa disimulada dijo: ¡toma!
El mundo 2314535467767 veces, Yo: ¡Una!
Al final él quedo con una duda mientras sus
pasos volvieron a ser calculados a puro oídos.
Dijo: ¿Fue real o también estoy perdiendo la razón?